Alexandre Cirici-Pellicer

PRESENTACIÓN EN CATÁLOGO DE EXPOSICIÓN DE 1963.

"Al día siguiente de la pesadilla informalista, cuando unos se desvían por la neo figuración y otros bordean la artesanía en sus construcciones, se precisa tener mucho sentido del equilibrio para encontrar una pasarela válida hacia las búsquedas útiles y los encuentros viables. Lo angosto y perdedor de este camino nos hace aparecer como preciosa la revelación de Egido, que nos llega para darse a conocer en esta Barcelona trampolín, que quisiéramos eficaz para el más alto salto.

Utilísimo es su trabajo. Nos interesa sobremanera su posición, que integra las experiencias del informalismo a un orden positivo y fecundo. Nos interesa porque habla el lenguaje de los arquetipos, de la dialéctica, que es el lenguaje más universal, común a todos los humanos. Vivencias y emociones pueden separarnos, encasillarnos, aislarnos, o bien hacernos ególatras o malsanos. Pero la razón, menos poderosa, bien que más clara, es un pequeño territorio solidísimo que los humanos poseemos en común. Quizás es lo menos profundo, pero es lo más universal, para todos y para siempre.

Es una alegría encontrar este su mundo de la plancha eléctrica y del cine -con sus placas de los números en las butacas— el mundo del televisor y del teléfono, la máquina de escribir y el tractor, que Egido incorpora utilizando si es preciso, el collage o el relieve. Lo que cuenta es el poder de signos que tienen estos objetos de la vida cotidiana del hombre común. No se trata de un arte figurativo, sino de una escritura con signos universales de un lenguaje que nos es familiar, que vive, no para reproducir ni para expresar los objetos en sí, sino para poner en evidencia unas relaciones que, de hecho, son estructuras de nuestro pensamiento o de nuestro sentimiento. No es el empleo anecdótico de los objetos en su destino funcional lo que importa aquí, sino la resonancia de su pura plasticidad y del relieve que, como un molde, le corresponde en nuestras vivencias.

Lejos de la pobreza de los que se agotan en sí mismos queriendo sacar las formas de la cuadrícula de su cabeza, Egido sabe que Se le ofrecen unas posibilidades mucho más amplias tomando las formas del mundo circundante. Demuestra con ello la verdad, por otra parte evidente, de que es mejor hablar un lenguaje común que una lengua personal inventada.

Las posibilidades del Concepto profundo que Egido aporta pueden apreciarse particularmente allí donde el objeto tomado como signo ya no es un objeto, sino una función, como en la obra que nos parece más trascendente entre las suyas en la que la mirada -no los ojos- es la verdadera protagonista."

Rafael Santos Torroellas

EL NOTICIERO UNIVERSAL, 02/05/1963.

"El primer paso en la solución del referido problema, ha sido un acercamiento a la realidad, para ceñirse a unos objetos cotidianos muy concretos, que, una vez aislados, por extremarse la atención concentrada en ellos, resultan potenciados de manera insólita e inequívoca. La realidad, así, viene a ser más ella misma que en sus contextos habituales. En las experiencias que nos ofrece Egido, no es raro que se establezcan sorprendentes intromisiones del espacio objetivo del cuadro en el de libre recreación representativa en el ámbito pictórico. Esta elasticidad espacial, que va de lo objetivamente físico a lo sugerido como representación, si paralelo a otros intentos anteriores, tiene en Egido un especial interés por la pureza y concreción de sus medios, que no vacilan en combinarse con elementos de la propia realidad incorporados al lienzo. Los valores plásticos y cromáticos son estrictos, rotundos y aparecen gobernados por una tajante voluntad de concisión y solidez. Llega, así, Egido, por eliminación de todo lo accesorio, a una desnuda, primigenia elementalidad de las cosas puestas al servicio del hombre, que, sin embargo, no resultan descarnadas o frías en sus transcripciones. Mediante las aludidas relaciones espaciales -planos a diferentes niveles, perforaciones en correspondencia a formas precisas-, así como mediante los ritmos de la composición y las modulaciones de los colores planos, en una factura a la vez amplia y contenida, logra acentos, resonancias emotivas, tal vez una atmósfera expectante, incluso una especie de sonoridad, hecha de graves silencios, que imprimen calor humano y profunda significación a sus realizaciones..."

José Hierro

NUEVO DIARIO, 10/06/1973.

"...La hondura de la nueva visión trae aparejada otra hondura en la expresión. La técnica de Egido es más depurada y sabia. Se diría que es un oficio tradicional ―sin improvisaciones ni chapuzas— puesto al servicio de una visión nueva. Un arte hecho de equilibrio, pero de equilibrio inquietante. Es un arte que ha sido posible gracias al propósito de racionalizar el misterio, de hablar del sueño desde la vigilia. Simple y liso como la superficie del lago en calma, pero con mucho fondo invisible bajo la piel serena..."

José Hierro

PRESENTACIÓN EN CATÁLOGO DE 1974.

"Egido, con el paso de los días, ha ido haciéndose más esencial, más transparente. Hay en su obra actual aquel regusto de ciencia ficción, de técnica que adivina el futuro. Pero han desaparecido los elementos que ponían sobre la pista, y han quedado los espacios limpios, los cuerpos humanos sin apenas peso, sin apenas materia. Son cristal o carne que ha perdido su turgencia sensual. Yo diría que anda aproximándose a un mundo presidido por la magia. Un mundo en que lo humano se transforma en símbolo. Egido es un lógico de la magia -- ¿ hay otra manera de aproximarse a ella que no sea con la clarividencia de la razón?--, un artista que cree que la pintura es “cosa mental”, pero que no tiene por qué limitarse a reproducir lo que la mente capta, sino también lo que anda flotando por el misterio. Egido, que posee un indudable dominio de la expresión (una buena preparación académica, me atrevería a decir si no fuese por lo desprestigiado que anda eso de la academia), no se conforma con las habilidades imitativas de cierto tipo de pintores veristas y avanza un paso más que lo acerca a la posesión de un mundo de formas, sucesos, seres inefables. Eso, sugerir lo inefable, es lo que trata de realizar. Y, para ello, ilumina con una luz irreal sus seres tan reales, los convierte en arquetipos, los despoja de su carácter para hacer de ellos criaturas genéricas puras e impasibles. Tanto, que no les perturba la proximidad de esas figuras y estructuras geométricas que las rodean, pues pertenecen al mismo planeta de abstracciones y perfecciones.

Egido, por otra parte, está llegando a ese punto crítico, de no retorno, en que su arte ha alcanzado la suma desnudez. Ello nos obliga a interrogarnos acerca de su pintura futura. ¿intensificará —lo que parece imposible— el planteamiento actual o, por el contrario, se propondrá nuevos planteamientos, caminos no transitados?. Pero eso pertenece al mañana, y lo que en esta ocasión nos interesa es el presente, representado en este conjunto de obras silenciosas y espectrales, pintadas con todo el rigor que sus pocos años de carrera artística le han permitido alzar a un nivel de madurez realmente notable."

M.A. García Víñolas

PUEBLO, Madrid, 29/01/1975.

"Desde un principio, Egido se situó en esa tensa zona de equilibrio que establecen, de un lado, la divina proporción de la geometría, y de otro, la humana perfección de la belleza. El riesgo estaba, a uno y otro lado, en congelar a la figura o en afligir con significaciones excesivas sus planteamientos geométricos. Era como un desafío de lo equidistante a esa palpitación que debe tener siempre, incluso en sus más tersas expresiones, el arte de pintar. Egido se aplicó a ponderar esas dos vertientes de su pintura, figurativa y geométrica, hasta lograr que los cuerpos quedaran suspendidos en el espacio, no por estar pendientes de un hilo -línea geométrica-, sino porque los hiciera levitar una fuerza interior -aliento humano- más poderosa que su propia gravitación. Entonados en un solo color, apenas alterado por el detalle de un pequeño fragmento —un ojo, una oreja o la cima de un seno-, donde acuden a libar otros colores, estos cuerpos quedan ya en el aire, sin red, es decir, sin alusión geométrica alguna, ingrávidos, pero densos en un espacio que recibe de ellos, en suaves ondas de color, su última palpitación humana. Yo veo siempre la obra de Egido como tallada en cristal purísimo; sus definiciones tienen más contorno que volumen, cuidan más la silueta que el relieve, como si sólo buscasen una superficie pura y diáfana donde posar su belleza.

Creo sinceramente que con este alarde de serenidad, es donde forma y color se desnudan de toda servidumbre sensual, Egido nos ofrece la consumación de una obra. Sostener esa tensión formal no es cosa fácil; veremos hacia qué vertiente, de la anécdota o de la simplificación, se inclina luego esta pintura. Hoy se nos presenta en la plenitud de su equidistante belleza."

Manuel Olmedo

ABC, Sevilla, 09/02/1975.

"...José Hierro dice del artista: "Egido, con el paso de los días, ha ido haciéndose más esencial, más transparente. Hay en su obra actual aquel regusto de ciencia-ficción, de técnica que adivina el futuro. Pero han desaparecido los elementos que ponían sobre la pista y han quedado los espacios limpios, los cuerpos humanos sin apenas peso, sin apenas materia. Son cristal o carne que ha perdido su turgencia sensual. Yo diría que anda aproximándose a un mundo presidido por la magia. Un mundo en que lo humano se transforma en símbolo.

En efecto, el pintor ha alcanzado altísimos niveles de sustanciación, de sutileza y de depuración, tanto en el orden conceptual como en el formal. Y su obra, siempre ennoblecida por un entrañable sentimiento poético, posee un inefable aire de misterio, así como rasgos conformadores de un sugestivo mundo mágico, cuyas imágenes se conectan en el área de lo simbólico.

Manuel Egido, en un momento cenital de capacidad creadora, alumbra una obra personalísima y de gran trascendencia, lo mismo en el aspecto meramente plástico que en el metafísico."

Rosa Martínez de Lahidalga

LA ESTAFETA LITERARIA, nº558 1975.

"... Elementos pop, constructivistas, sobrerrealistas y neodadaístas, hiperrealistas y abstractos se dan cita en su obra con perfecta autonomía y en armoniosa coexistencia.(...) La pureza de su plástica, tan absoluta como su rigor conceptual, aparece sustentada sobre estrictos elementos pictóricos de los que hace uso el artista con magistral dominio..."

Poo San Román

EL DIARIO MONTAÑES, Santander 08/05/1976.

"... Esta aparentemente fría objetividad se apoya, por demás, en las excepcionales dotes del pintor manejando su técnica, Egido es un virtuoso. La materia es, por sí mismo, como un "elemento" más, de una exquisita sensibilidad que, desde la emoción de cada color meditado y desarrollado, dan esa trascendencia y esa irrealidad a la obra de este difícil artista. ¿Qué es lo que en fondo persigue Manuel Egido? ¿Traducir un mundo ideal, por él adivinado, a una musical y matemática teoría del color? Sea cual fuere su intencionalidad, el hecho es el resultado de esta obra bellísima, donde el realismo de una anémona, de un pensamiento o de una mosca, puede ser compatible con los intentos cinéticos o las evasiones surrealistas. Es decir, el resultado de una obra fuera de lo común, que debe tenerse muy en cuenta."

Leopoldo Rodríguez Alcalde

ALERTA, Santander 14/05/1976.

"... el dibujo tan revitalizado hoy, alcanza en Manuel Egido una maestría sin rebuscamientos, límpido y clara, donde no es difícil reconocer el eco de una perenne tradición. La mayor elegancia clásica únese a la preocupación actual, con influjos de un meditado y poético surrealismo que juega con las imágenes de los insectos, de las flores y de las ventanas para expresar anhelos traducidos con sencilla y espléndida eficacia plástica. Si el dibujo de Egido es grave y firme, su colorido es una maravilla de grabaciones, de breves luminosidades escalonadas que aciertan a ofrecernos vivas y refinadas reproducciones de la carne o de la flor (...) Las figuras humanas, radiantes de clásica prestancia, vibran también de una atmósfera de sensual misterio, aureoladas de geométricas distribuciones de color..."

José María Iglesias

ARTEGUIA, n° 21, 1976.

"...En lo estrictamente plástico de las versiones que él nos propone reside el interés artístico. La pureza y refinamiento del color, lo insólito de algunos escorzos resultantes del punto de vista elegido por el pintor y la atmósfera cristalizada y etérea que parece envolver todo, configuran uno de los mundos más personales de nuestro panorama plástico."

Julio Cebrián

DON PABLO, 1976.

"Ciñéndonos al mero espectáculo visual, se puede decir que la obra de Egido es de las más coherentes con las ansiedades y problemas del tiempo en que vivimos. De entrada se aprecian todas las notas accesorias puestas en circulación por sus comentaristas: virtuosismo técnico, escenografía de ciencia-ficción, misterio, magia, mensaje futurista, etc... Pero no creo yo que sea ésto lo que interesa, porque no es ésto lo que nos quiere comunicar Egido. Detrás de las meras apariencias, en el trasfondo de la belleza late en los cuadros una dramática necesidad de planteamientos dialécticos hombre-máquina, con un montaje nuevo que significa para el contemplador una invitación a sacudirse la ortodoxia de pensamiento y comportamiento y, en última instancia, le permite entrar en la búsqueda hacia concepciones más intelectualmente lúcidas del Arte y más enriquecedoras para la Sociedad. Estas operaciones se están gestando en el cerebro de Egido y quien esto escribe aún no sabe si en un futuro próximo será la ironía o la "seriedad brutal" la que decante su interpretación estética. Es obvio que hoy por hoy, las preocupaciones de este hombre no se centran tanto en las máquinas y el maquinismo ("Yo me retrato a mí mismo en las máquinas" -dice el alemán Konrad Klapheck, uno de los hermanos espirituales de Egido en la aventura del surrealismo frío) como en el hombre enfrentado a la máquina. De ahí tal vez salga un nuevo expresionismo, no complacedor, pero sí inquietante. Un temor en forma de interrogación: ¿estará Egido intentando planteamientos del estricto campo de la ciencia y la filosofía?. Pregunto esto ante el deliberado desprecio de la técnica de que hace gala en algunos momentos, ¡precisamente él, un superdotado para poner en movimiento los mecanismos generadores de la forma!..."

M.A. García Víñolas

PUEBLO, Madrid, 05/1979.

"...su sensibilidad de pintor le ha hecho a Egido penetrar en una realidad más viva, donde el esteticismo se humaniza y la forma deja de ser un vaciado o una silueta humana para convertirse en un cuerpo latente -insecto, flor o escorzo femenmo- que Impone su dinámica vital a la pureza estática del rigor geométrico. Si ayer nos conducía su pintura hacia un reino de ciencia-ficción, hoy nos lleva a un realismo sensible. Pero con la misma perfección de forma y el mismo aliento de belleza que tuvo ayer".

Antonio Cobos

YA, Madrid, 10/05/1979.

"...Puede afirmarse que la pintura que viene depurando Egido, en trance de experimentación constante, admira por su belleza intrínseca y apasionada por el enigma que entraña. ...Pintura bellísima, en sus fragmentaciones, por su cromatismo y atmósfera..."

J.R. Alfaro

HOJA DEL LUNES. Madrid, 14/05/1979.

"De Egido puede decirse que es un pintor enigmático desde el momento que exige una participación del espectador. Plantearse preguntas o dejarse asombrar ante sus cuadros supone ya dejarse arrastrar por un misterioso clima o una sutil divagación hacia el camino de la inquietud. La pintura de Egido responde a la colocación pictórica de imágenes que le obsesionan. Pero estas obsesiones desarrolladas en un estilo del que ya no hay que olvidar su extrema coherencia, han hecho surgir una obra en que han podido conciliarse todas las preocupaciones estéticas y todos los desvelos por la condición humana del hombre y de nuestro tiempo.

Egido, en muchos de sus cuadros, busca unas fuerzas de choque y de oposición con una sutileza sorprendente. La pintura no es una reproducción de la realidad, sino una confrontación de las cosas más irreconciliables. En las oposiciones fantásticas de Egido existe una carga explosiva que nos transporta al plano psicológico como base creadora de su arte, donde se halla lo esencial de unas realidades que van más allá de la realidad..."

Egido es un fabulador que viola, mezcla y entremezcla las cosas para provocar el choque de los elementos irreconciliables. El artista sabe que si se relacionan dos corrientes del mismo signo no se produce el choque total, y ha tomado esta fórmula de la poesía para aplicarla ala ética de la pintura.

Francisco José León Tello

GOYA, n° 153. Madrid 1979.

"Egido ha pasado por diversos momentos estilisticos, ha experimentado, ha recorrido distintos caminos. En su etapa actual afloran elementos anteriores. Hay, sin embargo, integración no sedimentación, porque se trata de un estadio igualmente creativo. Elabora una iconografía propia, un mundo pictórico personal. Aplica las normas eternas de la geometría. Se insertan sus cuadros en la más estricta tradición canónica. Formula un nuevo clasicismo. Establece módulos, impone ritmos y simetrías. Rige en sus obras la leydel número geométrico o aritmético. Adopta el precepto pitagórico de las proporciones simples.

Pero su arte no es sólo un canto pictórico al orden matemático. Cada obra concreta un aspecto de su visión cosmológica, de suconcepto de la realidad y de la vida. Reflexiona e intuye desde su interioridad. Formula un lenguaje de formas plásticas. Asimila sugerencias superrealistas. Su alfabeto deriva de seres determinados a los que confiere función sígmica. Reitera símbolos. Le interesa especialmente la corporeidad femenina, la flor y el insecto. Modela la figura humana con calidades escultóricas. Diseña con primor naturalista. Resuelve, sin embargo, la sensualidad en formas ingrávidas e interporales. En esta última exposición advertimos también una tendencia expansiva que impulsa al artista a la creación de paisajes imaginarios de lejanas perspectivas. A la precisa intencionalidad comunicativa de cada cuadro corresponde la más rigurosa cohesión compositiva: impera el principio de unidad que aglutina los elementos formales y centra la atención contemplativa en la expresión y en la estructura.

Tiene condiciones espléndidas de dibujante, domina el escorzo con sensibilidad exquisita, acentúa o degrada el trazo con musicalidad de diminuendo desvanecente.l3Proyecta esta misma técnica a la pintura. Tiende a la expresión monocroma, pero matiza sutilmente el tono monocorde. Consigue una textura pictórica de limpio, terso, nítido y pulido empaste en la que se reflejan experiencias abstractas precedentes. Busca la perfección formal y deja la realización del cuadro en el momento oportuno de la verificación plena de la idea que lo inspira. Pinta con claridad, concisión, equilibrio y elegancia. Notamos en el más reciente de los cuadros presentados un mayor realismo, un debilitamiento del hieratismo geométrico, una mayor espontaneidad en el tratamiento del modelo, un abandono de ciertas constantes sígnicas que objetivan sus preocupaciones psíquicas anteriores. Cabe preguntarse si esta obra inicia un nuevo período de su labor artística.jLa madurez de su talento y de su técnica permiten augurar que la evolución de su estética ha de apoyarse en la de sus vivencias".

M. Conde

GUADALIMAR, nº41 abril 1979
EGIDO: UNA INVESTIGACIÓN SOBRE EL ESPACIO
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Mª Belén Chueca Izquierdo

LABORATORIO DE ARTE
MANUEL EGIDO CAMPOS: UNA TEORÍA PLÁSTICA PARA UNA TRAYECTORIA ARTÍSTICA
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Mª Belén Chueca Izquierdo

DE LOS 70 A LOS 90: UNA OJEADA DISPERSA A UNA OBRA SINGULAR.
Sevilla, octubre de 2008.

...Para vivir plenamente la verdad debe "casarse" con la libertad. Cuando se casa con el dogma, se transforma en un ismo, es decir, en una ideología autorreferente y autojustificante que no sóla no va a parar a ninguna parte sino que también impide que los demás progresen...
Susana Tamaro. Cada palabra es una semilla (2005)

La obra de Manuel Egido se desarrolla con entidad desde los primeros años de la decada de los sesenta hasta la actualidad. En esta exposición se exhiben sólo algunas de las piezas que se realizaron en las décadas de los setenta, ochenta y noventa. La obra más reciente no se muestra en esta ocasión por sus grandes dimensiones y por requerir un espacio distinto para ubicar los módulos que la integnan, está construida con distintos elementos y se desarrolla con el montaje de los mismos proyectable en el especio tridimensional.

En la larga trayectoria de este pintor sevillano se va desarrollando una obra singular avalada por una crítica selecta desde prácticamente los comienzos en sus primeras exposiciones. Si exceptuamos una primera etapa de formación 1954-1961 en Sevilla donde participó en una colectiva en las que sus obras no fueron bien recibidas, el salto hacia un arte maduro se producirá en su etapa barcelonesa 1961-1963. En la Barcelona de 1963 la prensa se hizo eco de la que fue su primera exposición, una obra con carácter que llevaba el sello de Egido. Alexsandre Cirici-Pellicar destacó su posición integradora del informalismo y el interés de su lenguaje expresivo en el que lo que cuenta es el poder semiótico de los objetos de la vida cotidiana puesto que el objeto tornado como signo ya no es un objeto, sino una función. En aquella ocasión al igual que en las siguientes décadas y en el presente no se trataba de poner en evidencia un arte figurativo sino que Egido estaba creando una escritura plástica que manifestaba unas relaciones que eran estructuras de pensamiento y que se desarrollarán en el tiempo a través de sus creaciones tan infinitamente como el mismo pensamiento. Me parece interesante recurrir a esta crítica que marca cierto modo el origen de su éxito porque encierra, ya muy esencialmente, el significado teórico de la obra egidiana, un significado que podemos relacionar más tarde con su obra más reciente ciendo como ese objeto se enfatiza y se desarrolla sirviendo a la infinita evolución del concepto.

Nuestro artista es ya desde el origen disidente de lo establecido en el arte y crea su propia reilexión arriesgando con una obra que parece haber encontrado un lenguaje propio y a la vista de la crítica que aparece en prensa, original.

A partir de esa primera exposición en el Ateneo de Barcelona en 1963 las plumes más relevantes de la crítica seguirán sus exposiciones en las siguientes décadas así como las creaciones irán evolucionando con el tiempo. Del Ateneo de Barcelona dara el salto a las Galerias más relevantes del Madrid en esos años, éstas irán gestionando su obra hasta el momento de su voluntario retiro en los ochenta. Galerías como Amedís, Grosvenor después llamada Península, Faunas, Gavar... Su obra se promociona en múltiples exposiciones por diferentes países, consecuencia de ello se encuentra también en distintas colecciones particulares y en algunos de los Museos y Centros de Arte de nuestro país.

Los setenta constituyen una etapa muy fecunda en la carrera de Egido, trabaja incansablemente realizando algunas de sus series más importantes. Al comienzo de esta década se produce el cambio de la pintura matéricas (esculto-pintura) que realizaba en los sesenta a la pintura bidimensienal que protagonizará los primeros años de los setenta. Será a mediados de los ochenta cuando las presiones de las necesidades del mercado afecten al artista sobremanera y decida retirarse del escenario público para desarrollar lo que verdaderamente le interesa: la obra, su obra, una obra que sufrirá el obligado exilio y la privacidad al que su ejecutor le condena.

En esas palabras de Susana Tamaro que he elegido en la cita que antecede al texto encuentro en buena medida el modo de pensar de Egido, acorde por otro lado con el modo de ejecutar la obra, en ellas se halla también en esencia una explicación a ese retiro voluntario de le mercadería que se daba en les galerias en esos años.

El retiro de Manuel Egido de los escenarios del arte en los años ochenta, se da en el contexto sociopolítico de la España que comienza, a la que hay que dotar con una nueva identidad tras la transición,cuando nuestro país se apunta a la modernidad y proliferan los espacios para el arte, cuando los comisarios y promotores se multiplican, momento necesario para llenar los museos de arte moderno y le demanda de las galerías es mayor y más rápida que el propio tiempo que se requiere para la creación de algo sublime y esencial como debería ser el arte. Sin embargo es arte lo que se dice que es arte pese a la gran oleada de libertad que hubo muy necesaria en otros aspectos de la vida política, el arte salió perdiendo y algunos artistas de los que creaban de verdad también.

La Teoría plástica en la obra de Egido.

La dimensión teórica en la obra de Manuel Egido es fundamental para comprender en profundidad sus creaciones. Toda su obra se sustenta en un sustancioso y coherente soporte teórico que manifiesta la concepción que su autor tiene del arte asi como el posicionamiento vital que se refleja en el mismo. Teoria vital, teoria plástica y obra caminan paralelas materializándose de forma original en su obra.

Ya en 1977 Egido en una publicación que editó la Dirección General del Patrimonio Artistico al hablar de la base conceptual de su pintura menciona tres conceptos que le acompañarán a lo largo de toda su carrera:

La geometría matemática, un concepto que tal y como lo define Egido es racionalmente flexible y desarrollable en su expresión analítica hasta el infinito. En la obra significará la presencia de la concepción cientifica del universo. Con un sentido atomista esto supone perseguir que el cuadro en su continente y contenido este concebido para armonizar con un todo universal cuyo lenguaje cuantifioable se halla en la física, la geometría y la matemática. Nada en sus cuadros es gratuito todo está calculado y tiene proporciones matemáticas y geométricas que le sirven para desarrollar el concepto infinitamente sin agotarlo y proyectarlo con otras posibilidades igualmente esenciales y válidas que dan como resultado creaciones cada vez más impresionantes. La aplicación de la matemática en la pintura constituye un instrumento de trabajo que tiene en la historia del arte numerosos ejemplos que lo ilustran, es quizás en las etapas más recientes cuando adolecemos más del mismo. Un ejemplo que está presente en las mentes al hablar de este concepto seria la obra del artista holandés M.C. Escher. Este creador representa en sus imágenes, imposibles en el plano, conceptos matemáticos posibles. Egido utiliza este lenguaje por considerarlo una base sólida que otorga a la obra posibilidades infinitas que sobrepasan el presente y colocan la creación en un presente continuo en el que cada revisión es una obra nueva futura que ofrece un giro de tuerca y otra lectura de resultados plasticos distintos y emocionantes de nuevo.

La realidad circundante en su visión objetiva, una realidad que se manifiesta en su obra como vehiculo de comunicación por ser un lenguaje visual común a todos los humanos. En este sentido debemos interpretar la importancia de la figuración en toda su trabajo.

Automatismos. Egido incorporará este tercer concepto a su planteamiento plástico años más tarde y vendrá a complementar a los dos anteriores conviviendo hasta el presentecomo tres piezas de un mismo puzzle teórico-plástico, se trata de la expresión entendida como un concepto que se materializa en la obra con la presencia de lo gestual, lo espontáneo, lo anímico, instintivo y vivencial. La importancia que adquiere este último concepto en su trabajo se manifiesta no sólo en lo plástico como materialización tecnica del cuadro sino que también supone un cambio en la temática y en la actitud del autor en el que existe ahora una voluntad explicita de provocación hacia el exterior; de comunicación con la mirada del espectador.

Los tres conceptos anteriores se hacen visibles en los diferentes cuadros y constituyen los pilares fundamentales del corpus teórico que sustenta la obra y la trayectoria de Egido, pero además existe un planteamiento teórico global para la interpretación de toda esta obra singular que denominamos la teoría esférica. Esta teoria pretende dar un sentido teórico a la trayectoria de la obra. Podemos tomar cualquier cuadro del presente y ver en él los elementos teóricos y plásticos que explican su concepto de la pintura, podemos viajar al pasado y descubrir planteamientos que ya estaban en los setenta dando un resultado y sentido brillante en el presente con los nuevos alfabetos elegidos. No es una obra que pueda cerrarse, está abierta para mejorar en el futuro. Egido siempre pensó sus oras para que pudieran ampliarse en los horizontes del pensamiento.

Una temática diversa y reflexiva de lo Humano.

Los temas nos ofrecen una versión del mundo y del humano acorde con el pensamiento y el planteamiento teórico de su autor, comprometidos y provocadores se expresan en los cuadros con distintos recursos plásticos y a través de los diferentes alfabetos.

Todas las obras que se muestran en este espacio tienen una lectura profunda además de la que le otorgue la mirada del espectador; no quisiera condicionar con mis palabras esa mirada personal y única que cada individuo posee pero sí mencionar algunos apuntes que contextualizan las obras en la larga trayectoria de su autor en cuanto a series o grupos, temas y su relacioón con el concepto teórico general. Algunos ejemplos de las tres deécadas comenzando por los setenta servirán para viajar por la temática diversa de este artista genial.